Tratamiento de hernia discal

La hernia discal es una patología que tratamos muy a menudo en la consulta de Pamplona y de Burlada del Centro Bedmar. Un correcto tratamiento de fisioterapia y osteopatía, junto a una rehabilitación supervisada por nuestros fisios y ejercicios de pilates terapéutico, son la fórmula del Método Bedmar para recuperar tu movilidad sin cirugía.

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Tratamiento de hernia discal

La hernia discal es una patología que tratamos muy a menudo en la consulta de Pamplona y de Burlada del Centro Bedmar. Un correcto tratamiento de fisioterapia y osteopatía, junto a una rehabilitación supervisada por nuestros fisios y ejercicios de pilates terapéutico, son la fórmula del Método Bedmar para recuperar tu movilidad sin cirugía.

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Dolencia

¿Qué es una hernia discal?

La hernia discal es una de las patologías más frecuentes de la columna vertebral y una de las principales causas de dolor de espalda en la población adulta. Esta condición, que afecta a millones de personas en todo el mundo, puede generar desde molestias leves hasta dolor intenso y discapacitante que limita significativamente la capacidad para realizar actividades cotidianas, trabajar de manera eficiente y disfrutar de una vida plena y activa.

La columna vertebral es el eje central que sostiene todo nuestro cuerpo y permite el movimiento en múltiples direcciones. Los discos intervertebrales actúan como amortiguadores naturales entre las vértebras, proporcionando flexibilidad y absorción de impactos durante nuestras actividades diarias. Cuando uno de estos discos se hernia, puede comprimir estructuras nerviosas cercanas, generando no solo dolor local, sino también síntomas que se irradian hacia brazos o piernas.

Gracias al Método Bedmar, buscaremos no solo aliviar el dolor inmediato, sino también fortalecer la estructura de soporte, mejorar la biomecánica vertebral y prevenir futuras recaídas, evitando en la mayoría de los casos la necesidad de intervenciones quirúrgicas.


Síntomas comunes

La hernia puede clasificarse según su localización en cervical, dorsal o lumbar, siendo las hernias lumbares (especialmente entre L4-L5 y L5-S1) y cervicales (principalmente entre C5-C6 y C6-C7) las más frecuentes. Dependiendo de la dirección y magnitud de la herniación, puede comprimir raíces nerviosas específicas, la médula espinal, o generar inflamación en los tejidos circundantes, lo que explica la amplia variabilidad de síntomas que pueden presentarse.

Dolor intenso en la zona baja de la espalda que puede ser constante o aparecer con ciertos movimientos, dolor irradiado por la pierna siguiendo el recorrido del nervio ciático hasta el pie, sensación de «corriente eléctrica» o «latigazo» que baja por la pierna, dolor que empeora al sentarse, toser, estornudar o hacer esfuerzos, y dolor nocturno que interfiere con el sueño y obliga a cambiar de posición frecuentemente.

Dolor en el cuello que puede irradiarse hacia uno o ambos hombros, dolor que desciende por el brazo hasta los dedos de la mano siguiendo el trayecto de raíces nerviosas específicas, rigidez cervical matutina que mejora parcialmente con el movimiento, dolor que aumenta con ciertos movimientos de la cabeza o al mantener posiciones fijas, y cefaleas occipitales que se originan en la base del cráneo.

Hormigueos o «pinchazos» en brazos o piernas según la localización de la hernia, sensación de entumecimiento en dedos de manos o pies que puede ser constante o intermitente, pérdida de fuerza muscular en grupos específicos (dificultad para caminar de puntillas o talones, debilidad para cerrar el puño), alteraciones en los reflejos que el médico puede detectar durante la exploración, y sensación de «pierna dormida» o «brazo pesado».

Imposibilidad de mantener ciertas posturas como estar sentado por períodos prolongados, dificultad severa para levantarse de la cama por las mañanas debido a la rigidez y el dolor, limitación importante para caminar distancias que antes eran normales, incapacidad para realizar tareas domésticas básicas como limpiar o cargar objetos, y necesidad de evitar actividades deportivas o recreativas que antes se disfrutaban.

Dolor que mejora al caminar pero empeora al estar sentado (típico de hernias lumbares), dolor que aumenta con la tos, estornudos o al ir al baño por el aumento de presión intradiscal, dolor que se alivia al acostarse en posición fetal, molestias que varían según las condiciones climáticas y la humedad, y dolor que presenta crisis agudas intercaladas con períodos de menor intensidad.

Adopción de posturas antálgicas (posiciones que reducen el dolor) que pueden generar tensiones en otras zonas, cambios en el patrón de marcha para evitar el dolor que sobrecargan otras estructuras, contracturas musculares secundarias en zonas que trabajan más para compensar, alteraciones en el equilibrio por evitar ciertos movimientos, y desarrollo de otros puntos dolorosos por mecanismos de compensación.

Dolor intenso en la zona baja de la espalda que puede ser constante o aparecer con ciertos movimientos, dolor irradiado por la pierna siguiendo el recorrido del nervio ciático hasta el pie, sensación de «corriente eléctrica» o «latigazo» que baja por la pierna, dolor que empeora al sentarse, toser, estornudar o hacer esfuerzos, y dolor nocturno que interfiere con el sueño y obliga a cambiar de posición frecuentemente.

Dolor en el cuello que puede irradiarse hacia uno o ambos hombros, dolor que desciende por el brazo hasta los dedos de la mano siguiendo el trayecto de raíces nerviosas específicas, rigidez cervical matutina que mejora parcialmente con el movimiento, dolor que aumenta con ciertos movimientos de la cabeza o al mantener posiciones fijas, y cefaleas occipitales que se originan en la base del cráneo.

Hormigueos o «pinchazos» en brazos o piernas según la localización de la hernia, sensación de entumecimiento en dedos de manos o pies que puede ser constante o intermitente, pérdida de fuerza muscular en grupos específicos (dificultad para caminar de puntillas o talones, debilidad para cerrar el puño), alteraciones en los reflejos que el médico puede detectar durante la exploración, y sensación de «pierna dormida» o «brazo pesado».

Imposibilidad de mantener ciertas posturas como estar sentado por períodos prolongados, dificultad severa para levantarse de la cama por las mañanas debido a la rigidez y el dolor, limitación importante para caminar distancias que antes eran normales, incapacidad para realizar tareas domésticas básicas como limpiar o cargar objetos, y necesidad de evitar actividades deportivas o recreativas que antes se disfrutaban.

Dolor que mejora al caminar pero empeora al estar sentado (típico de hernias lumbares), dolor que aumenta con la tos, estornudos o al ir al baño por el aumento de presión intradiscal, dolor que se alivia al acostarse en posición fetal, molestias que varían según las condiciones climáticas y la humedad, y dolor que presenta crisis agudas intercaladas con períodos de menor intensidad.

Adopción de posturas antálgicas (posiciones que reducen el dolor) que pueden generar tensiones en otras zonas, cambios en el patrón de marcha para evitar el dolor que sobrecargan otras estructuras, contracturas musculares secundarias en zonas que trabajan más para compensar, alteraciones en el equilibrio por evitar ciertos movimientos, y desarrollo de otros puntos dolorosos por mecanismos de compensación.


¿Qué lo provoca?

  • Factores degenerativos y de envejecimiento
  • Traumatismos y lesiones agudas
  • Factores ocupacionales y posturales
  • Estilo de vida sedentario
  • Factores genéticos y constitucionales
  • Factores metabólicos y nutricionales

¿Qué lo provoca?

  • Factores degenerativos y de envejecimiento
  • Traumatismos y lesiones agudas
  • Factores ocupacionales y posturales
  • Estilo de vida sedentario
  • Factores genéticos y constitucionales
  • Factores metabólicos y nutricionales
Tratamiento

¿Cómo tratamos la hernia discal?

En el Centro Bedmar aplicamos un enfoque integral y personalizado para el tratamiento de la hernia discal, basado en técnicas avanzadas de fisioterapia que han demostrado ser altamente efectivas para evitar la cirugía en la mayoría de los casos.

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Iniciamos la consulta con una conversación para que nos expliques tus dolencias y tus hábitos. Así recogemos todos los datos que necesitamos para completar tu historia clínica.

02


Realizamos una valoración exhaustiva que incluye análisis detallado de la historia clínica y evolución de los síntomas, exploración física neurológica específica para identificar el nivel vertebral afectado, pruebas ortopédicas especializadas para confirmar el diagnóstico diferencial, evaluación postural y biomecánica para identificar factores perpetuanes, y valoración funcional para determinar el grado de discapacidad y establecer objetivos terapéuticos realistas.

03


Aplicamos movilizaciones vertebrales específicas que respetan las limitaciones impuestas por la hernia, técnicas de tracción manual controlada para descomprimir las estructuras nerviosas afectadas, manipulaciones osteopáticas de alta velocidad cuando están indicadas y son seguras, liberación miofascial para tratar las compensaciones musculares secundarias, y técnicas de energía muscular para restaurar la movilidad articular de forma progresiva.

04


El tratamiento de la hernia discal incorpora tecnologías específicas que complementan el abordaje manual. Se emplea TENS para el control del dolor radicular y la modulación de la sintomatología neuropática. La tracción lumbar mecánica o descompresión vertebral permite aumentar el espacio intervertebral y reducir la presión sobre las raíces nerviosas afectadas. El ultrasonido terapéutico favorece la relajación de la musculatura paravertebral contracturada, mientras que la diatermia de alta frecuencia actúa sobre los tejidos profundos reduciendo la inflamación local.

05


Tras la consulta, completamos tu ficha de paciente con todo lo que se ha realizado en esta sesión para que cualquier fisioterapeuta del Centro Bedmar pueda atenderte en cualquier momento y realizar el seguimiento de tu tratamiento.

Si el caso lo requiere, haremos un estudio más avanzado con el resto del equipo multidisciplinar del Centro Bedmar.


Y te daremos nuestros consejos preventivos

Completamos las sesiones de fisioterapia con ejercicios preventivos desarrollados a través del Método Bedmar, donde la fisioterapia, la rehabilitación y el pilates terapéutico se unen para ofrecer un tratamiento completo de la hernia discal y prevenir su reaparición.

Sea a través de sesiones personalizadas o en clases grupales, nuestros fisios se convierten en monitores para explicarte los ejercicios preventivos necesarios para mejorar tu salud y realizar un seguimiento activo de tu estado.

Saber más sobre el Método Bedmar

Estos los beneficios que sentirás al finalizar el tratamiento

Gracias a esta visión integral de la salud del Método Bedmar lograr

Alivio significativo del dolor

Reducción importante de la intensidad del dolor tanto en reposo como durante la actividad.

Descompresión neurológica

Mejora de los síntomas neurológicos como hormigueos, entumecimiento y debilidad.

Restauración funcional

Recuperación progresiva de la capacidad para realizar actividades cotidianas y laborales.

Evitación de cirugía

En el 85-90% de los casos se logra una recuperación completa sin necesidad de intervención quirúrgica.

Prevención de recaídas

Fortalecimiento de la musculatura de soporte para prevenir futuras hernias.

Da el primer paso hacia tu recuperación

No dejes que la hernia discal siga controlando tu día a día. La recuperación es posible, y nosotros tenemos las herramientas, la experiencia y la dedicación necesarias para ayudarte a conseguirlo.
Contáctanos y pide tu cita en el Centro Bedmar de Pamplona o de Burlada

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